Por Carlos Rivera Lugo para Claridad
Aparte de lo insustancial y cosmético de su visita oficial reciente a Puerto Rico, la cual duró poco más de cuatro horas, el presidente estadounidense Barack Obama hizo gala de la esencial continuidad de la política imperial hacia nuestra nación antillana. Reiteró el propósito de su administración para encarar nuestra más que centenaria condición de dependencia colonial: propiciar un proceso de consulta para que “los residentes de Puerto Rico” –lo que excluye los más de dos millones de puertorriqueños residentes en Estados Unidos- decidan entre la libre asociación, la independencia, la anexión o la continuación del régimen colonial actual (el mal llamado Estado Libre Asociado). Insertar esta última opción es lo mismo que incluir el problema como solución o la integración a cuenta gotas de la Isla a Estados Unidos, como bien admitió recientemente en privado un reconocido líder del principal soporte político de ésta opción, el Partido Popular Democrático (PPD).Ahora bien, eso no fue todo. Una vez el pueblo de Puerto Rico tome una decisión, Obama se comprometió a iniciar las gestiones ante el Congreso federal para que éste actúe conforme a la voluntad expresada aunque, eso sí, con una condición: debe haber “un claro mandato”, lo que puede interpretarse como un mandato consensuado o una mayoría absoluta en apoyo a la opción favorecida. En las actuales circunstancias imperantes en Puerto Rico, ello equivale a plantear una condición imposible de cumplir. Si hay algo de lo que siempre se ha encargado de garantizar el régimen colonial es la división de los puertorriqueños. ¡Divide y conquistarás!